¿QUÉ ES ESO DE LA MODA ÉTICA? ¡A MÍ NO ME JODA!

Llámela como quiera: moda ética, moda sostenible o Slow Fashion. Y perdóneme sí parece que se le está regañando. Pero préstele atención por unos segundos al impacto que está causando por querer estar siempre a la moda.

¿Qué pensaría usted, si se entera de que detrás de las costuras de su prenda hay niños trabajando? Es una pregunta cliché y hasta mamerta. Pero realmente tómese unos segundos para reflexionar qué y quiénes están detrás de esa ropa que hoy porta.

Estas son dos de las preguntas que se plantea el Slow Fashion, dos de un montón que son la columna vertebral del movimiento y la razón de la apatía hacia esta revolución. O ¿no notan el tono de juicio que hay en cada una de ellas? Es como si nos estuvieran señalando con el dedo y diciéndonos: usted contamina, usted está haciendo las cosas mal, usted aporta a la explotación infantil, usted, usted, usted…

¿Y qué pasa cuando cuestionan nuestros actos y ponen en tela de juicio la moral e integridad? Pues nos defendemos, nos justificamos hasta el punto de hallar la tangente que nos saque de ese lío.

Pero como dice Lillyana Mejía, una especialista en temas de sostenibilidad y responsabilidad social, que nos dio la entrevista en la que se sustenta este artículo:

Esta es una conversación que está empezando a darse, y no la comencemos regañando, hagámonos las preguntas. El tema aquí es asumir la responsabilidad”.

 ¿Pero de qué responsabilidad nos habla?

Lo que pasa es que el modelo de negocios que actualmente está implementando la industria de la moda, es uno bastante agresivo, uno que deja a su paso un negativo impacto social, económico y ecológico.

Recuerdo que para la navidad de 2013 le regalé a un amigo diseñador de moda, que estaba pensando en renunciar a la firma para la que trabajaba y comenzar con su propio negocio, el libro escrito por David Martínez, el cual explicaba la visión y estrategia de Amancio Ortega, fundador de ZARA e Inditex.  Un modelo de negocio estudiado y admirado en todo el mundo; que bien podría guiarlo en su cometido. Lo importante de esta anécdota, es que refleja el pensamiento de muchos que ven lo rentable del Fast Fashion y se dejan seducir por sus mieles.

Con esto no quiero decir que su antónimo, el Slow fashion, no lo sea. En este modelo de moda sostenible los tiempos se dilatan, la inversión, aparte de ser a largo plazo, se convierte en colectiva; pues el beneficio propio deja de ser importante y la construcción de humanidad es el fin que opaca al dinero.

Lo admito, suena poético, a discurso de hippies que visten con prendas que ellos mismo elaboraron a partir de materiales reciclados. Pero que el falso estereotipo de una moda sostenible propia de pobres y consumidores de marihuana, no opaque la realidad de un mundo y una sociedad en destrucción.

Contrario a lo se puede llegar a creer, en un comienzo los clientes de esta “moda lenta”, serán los consumidores que poseen una buena capacidad económica, es decir, de la clase media-alta para arriba.

¿Por qué?

Pues los costos de producción aumentan por el origen de las materias primas e insumos; por el reconocimiento de condiciones laborales óptimas a los productores y por otros factores más.

Podrían decirme, para seguir justificando el desaforado consumismo, que entonces el Slow Fashion discrimina entre clases sociales y por ello la aclamada democratización de la moda del señor Ortega es perfecta, pues no sólo nos ve a todos por igual, sino que genera riquezas. Pero la verdad es que a diferencia de las marcas de lujo, el Slow fashion no limita su mercado por el hecho de diferenciar las clases sociales; sino porque no tiene más remedio en un país donde crear empresa es tan poco amable y aparte de eso, las certificaciones que acreditan a una marca como sostenible y ética, son costosas y complejas.

¿Entonces, para qué ser responsable y sostenible, si se es tan rentable no siéndolo? La respuesta es la que le da el título a este movimiento: la ética.

Una forma de ser y estar en el mundo.  ¿En qué crees tú?, ¿cuáles son esos valores que te rodean? La Moda ética trae un tema clarísimo de respeto a los seres humanos, al mundo con recursos limitados en el que vivimos. ¿Cómo estoy? ¿Cómo vivo en este planeta? ¿Cómo me hago responsable de mis impactos en este mundo? Y esto va desde el individuo, hasta el Estado; pasando por las fábricas, las maquilas, las comunidades y quienes comercializan.

Lillyana Mejía.

¿Usted sabe quién está trabajando sus prendas? ¿Quién las cose? ¿Les están cumpliendo con sus derechos laborales? Pues una marca de Slow Fashion sí; ellos invierten en la calidad de vida de quien realiza la manufactura, poseen responsabilidad social, que es ir más allá de lo que exige la ley.

Vuelvo y le pregunto: ¿sabe de qué están hechas sus prendas? Hay un tema con el algodón que ahora consumimos. Este ha sido modificado genéticamente; además han necesitado una serie de pesticidas y productos químicos para evitar plagas y actualmente se han encontrado restos de esos pesticidas en las prendas.

¿Sabe qué recursos se están consumiendo en la elaboración de ropa? ¿Cuántos litros de agua se lleva la confección de una camiseta? ¿A dónde se está yendo esa ropa que desechamos? La empresa que decide hacer moda sostenible hace un cambio, pero quien la compra es el principal protagonista de ese cambio y este debe estar convencido de que está aportando cuando le compra a una marca Slow Fashion.

De esta forma vamos a mitigar el impacto de nuestras huellas, que es una de las dos razones por las que se impulsa este movimiento: mitigar y prevenir.

Lillyana nos da un ejemplo real de un proceso de moda ética. YuMAjAI, una empresa exitosa en la implantación de sostenibilidad en sus procesos productivos, realizó un trabajo con la familia núcleo de la marca. Estos eran indígenas de la comunidad Embera Chami que fueron desplazados por la violencia y que llegan a refugiarse a Pereira. Los directores del proyecto planteaban que los artesanos necesitaban un hogar. Entonces se proyecta que a través de la venta de sus joyas, estas personas construyeran una vivienda. Pero en el desarrollo del ejercicio se dan cuenta de que ellos ya poseen una casa y que se sienten con la capacidad de mejorarla y que lo que realmente necesitan es la tranquilada de poder llevar alimentos a la familia, de enviar los niños al colegio y de sentirse exitosos construyendo una pieza de joyería que tal vez pueda llegar a lucir Rihanna.

Para ellos lo más importante es volver a sentirse bien en un espacio, saber que son parte de algo. Y es que uno de los problemas del desplazado es el desarraigo.

Entonces YuMAjAI cambia el enfoque y plantea otros problemas a resolver: la falta de oportunidades y acceso a los recursos que tienen las comunidades artesanales indígenas en Colombia. Y la falta de habilidades blandas (atributos personales que permiten a alguien interactuar eficazmente y armoniosamente con otras personas) y educación para construir un futuro más sostenible.

Así cada Joya que YuMAjAI vende, equivale a 1 hora de entrenamiento para un grupo de 3 a 15 artesanos. El tema y tipo de entrenamiento se basan en las necesidades específicas de la comunidad; detectadas en un proceso de investigación que el equipo YuMAjAI lidera de forma participativa, de diálogo y con un enfoque circular con la comunidad y cada individuo. Además, toda la formación está basada en el enfoque ético de YuMAjAI: ‘Win Win Win’, es decir crecimiento personal, construcción comunitaria y servicio a la tierra.

Ejemplos como este hay muchos y deben ser exitosos si están naciendo tantas iniciativas. Lo importante aquí es construir una masa crítica de personas informadas, de consumidores interesados en el Slow Fashion y agentes activos como parte del cambio.

No le estoy pidiendo que deje de usar algodón o que se abstenga de comprar en grandes marcas de Fast Fashion como ZARA, Studio F o H&M. Pero sí que se detenga a pensar que la contaminación de fuentes hídricas, la destrucción del medio ambiente, la aniquilación de saberes ancestrales, así como de la cultura de una región; la explotación infantil y la pobreza son también su responsabilidad. Usted no sólo vende o compra una camiseta. Compra y vende la historia que en ella hay detrás y el futuro de quienes la elaboran.

Este es un tema que tiene tanto de largo como de ancho y del cual queda mucha tela por cortar. En la redacción de GOIA esperamos sus preguntas, para así tenerlas presentes en el desarrollo de una próxima entrega.

Si crear una empresa tradicional es tan difícil en un país como Colombia, imaginen constituir una que no sólo piense en generar utilidades y dividendos, sino que se preocupe por el bienestar de cada eslabón que compone la cadena productiva, el medio ambiente y en la recuperación de la cultura ancestral del país en donde se produce.

Cuando el ser empresaria en Colombia no se le pasaba ni por lo mente, en uno de sus viajes al país Talya llega a Cali y descubre una realidad dolorosa: miembros de las tribus indígenas son desplazados de sus tierras y ahora mendigan dinero en los andenes de la ciudad. Con el fin de mitigar un poco la situación económica por la que atraviesan; se le ocurre comprar un lote de productos elaborados por estos artesanos. Si ella logra vender con éxito las piezas en Israel, podrá crear un canal de comercialización que garantice, en el corto plazo, una entrada de dinero para estas personas desplazadas.

Justo cuando arriba a Israel es cuando conoce a Dror. Este queda maravillado con el trabajo artesanal y la historia que poseen las piezas. Le habla a Talya de su experiencia en India, en Nepal; de su formación en Ámsterdam y cómo dos años atrás, luego de recibir un mensaje del destino, registró un dominio con el objetivo de crear una plataforma que comercializara productos como los que ella traía por primera vez desde Colombia.

El clic fue instantáneo y no sólo comenzaron una idea de negocio que hoy se llama YuMAjAi, sino que se unieron también como pareja.

Luego de unos meses, ambos se dieron cuenta de que lo que hacían no estaba creando un gran impacto en la vida de los indígenas a los cuales les compraban sus artesanías. Si bien era cierto que los artesanos estaban recibiendo un dinero, este era esporádico, cada que ellos podían viajar a Cali o cuando alguien desde ahí cargaba con el producto hasta Israel. Se cuestionan entonces qué pasa durante los otros meses que no pueden hacer negocios con ellos, pues era evidente que muchos de estos indígenas estaban aún vendiendo en los andenes o pidiendo limosna.

Es así como deciden dejarlo todo y viajar a la capital del Valle del Cauca, radicarse en la ciudad y establecer ahí la central de operaciones de la marca. Comienzan estructurando una idea de negocio en la que todas las partes ganen (win, win, win): el artesano, el diseñador, los emprendedores, el cliente y el medio ambiente.

La idea es co-crear piezas inspiradas en la cultura Embera Chami, fusionadas con la visión vanguardista de diseñadores jóvenes; para que estas sean comercializadas a través de una tienda virtual: www.yumajai.com.

Cada joya que YuMAjAi vende, equivale a 1 hora de entrenamiento para un grupo de 3 a 15 artesanos. Pero ojo: YuMAjAi le paga a cada artesano por las piezas, garantizando así que este reciba una utilidad producto del desarrollo de una actividad económica tradicional.  (Utilidad = Precio de venta – costos de producción y todo lo que ello involucre).

Las capacitaciones son entonces el aporte de esta empresa a la comunidad indígena colombiana y esto sale de un porcentaje de la utilidad, pues el resto de la misma, es para el funcionamiento y crecimiento de la empresa. YuMAjAi no es una fundación, es una organización legalmente constituida con fines de lucro.

Por: Redacción GOIA

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*