¿Por qué la inclusión en el modelaje de nuestro país, es como una urticaria provocada por la ingesta de fresas con crema?

La inclusión en el modelaje no es colocar en pasarela a un staff de transexuales, mujeres plus size, convictos, rehabilitados, indígenas, afrocolombianos o niños con síndrome de Down y hacerlos pasar como modelos.

Hay un límite claro y supremamente ancho; pero tal parece que, para la industria colombiana, es lo mismo cumplirle el sueño a alguien que se ama, que el reconocimiento a la diversidad.

Y es que puede entenderse, llegar a conmover y hasta apoyarse, el brindarle una experiencia inolvidable a quien anhela desarrollar un rol que admira. Por ejemplo: subir a pasarela a aquella persona que desea por un día sentirse como esas mujeres que ve en las portadas de las revistas, las mismas que caminan con altives y en línea recta portando prendas que despiertan codicia. ¿Pues quién no quiere experimentar la sensación de ser por 15 segundos el centro de las miradas y el objetivo de los lentes?

Pero no velemos la realidad. Brindar una vivencia a quien fue rechazado por ser diferente a la masa, no es un acto de inclusión. Es una bella acción que se eclipsa cuando esta se enlata y se quiere comercializar como sopa de pollo.

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La experiencia de modelo por un día es eso, una experiencia que a la única persona que debe de llenar es a quien la vive. Diferente es cuando este individuo posee como proyecto profesional el ser modelo, y sabe que en un mundo imperfecto, cuando no se poseen las mismas imperfecciones, llegar a desarrollar su profesión es un algo casi imposible.

Es ahí cuando la apertura de espacios distintos a los organizados exclusivamente para personas excluidas, se convierte en la primera acción de la llamada inclusión en el modelaje.  Y aquí abrimos un paréntesis enorme: esta redacción no está en contra de eventos exclusivos para personas excluidas. Por el contrario, los cubrimos; pero sabiendo que son iniciativas que como columna principal deberían de tener la protección de los derechos violados a esta comunidad de colombianos.

Más eso y otras cosas no pasan. Nos estamos quedando estancados en el SOMOS INCLUYENTES; más terminado el evento, “Los Somos Incluyentes”, se desentienden de aquellos que de verdad quieren ser modelos. De los que cuando llegan a casting una semana después de su “inclusión”, son devueltos porque antes eran hombres y los clientes no están “acostumbrados” a ver eso.

¿Entonces para que se hacen eventos de inclusión? Pues ese es el punto, la industria no necesita mil y un eventos con la palabra inclusión. Necesita que la persona con sobrepeso que quiera modelar profesionalmente, que el chico con Down que quiera modelar de manera profesional, que el indígena, el afro, el trans, el colombiano que quiera hacerlo como profesional. Tengan las mismas oportunidades que poseen los ya incluidos. Y que él no, que pueden llegar a recibir cuando soliciten participar en un desfile, sea porque no cumplen con las especificaciones que la colección precisa y no porque tienen pene, kilos de más o un color de piel diferente.

Basta ya de etiquetas, no es la modelo Trans, es la modelo; no es la modelo Plus Size, es la modelo; no es… bueno creo que ya cogieron la idea. La industria de la moda colombiana debe deshacerse de las etiquetas y no utilizar la palabra inclusión como título que exalte una acción; pues la inclusión es la acción que responde positivamente a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales.

Por: Redacción GOIA.

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