¿CÓMO HAGO PARA SUPERAR ESA BLUSA QUE ME ENCANTA?

La pregunta de todos cuando deseamos algo que se nos sale del presupuesto.

Como consumidores nos obsesionamos tanto con los productos que hacemos lo imposible para poseerlos. Ya sea una blusa de Tcherassi, un polo de Lacoste, un vestido de equis diseñador o ese artículo de moda que el jefe lleva puesto y nosotros deseamos portar.

Pasamos la tarjeta, pedimos prestado a un amigo, solicitamos un adelanto o como último recurso, ahorramos. Y una vez tenemos lo que queremos, la sensación suministrada por la prenda dura sólo un par de semanas o hasta que una nueva pieza de deseo nos haga ojitos desde la vitrina.

Le diré que a usted no le interesa esa prenda. Lo que quiere es la posición social, el reconocimiento y la jerarquía que ese producto le otorga. Y la noticia es que no sólo pasa con artículos de lujo. Usted regateará un accesorio de cuero en el mercado de artesanías buscando identidad y aceptación social; comprará la gorra de visera plana y no le quitará el sticker del fabricante, porque quiere el reconocimiento de su grupo de amigos y establecer una posición de poder frente a ellos.

Será entonces cuando tenga claro que son esos intangibles lo que usted busca adquirir tan desesperadamente, que podrá encontrar alternativas distintas a ese par de zapatos que le cuestan más de lo que se gana en una quincena.

¿Sabe usted qué por esa razón, personas como el creador de Facebook se ven como caricaturas portando siempre la misma ropa? Pues ellos están recibiendo su dosis diaria de jerarquía, reconocimiento y posición social de otro proveedor distinto al que hoy llamamos industria de la moda.

Ahora bien, no le estoy sugiriendo deje de comprar prendas que le gusten. El punto al que quiero llegar es que a usted le será más fácil salir de compras y construir looks impactantes, sabiendo que no tiene que gastar $250.000 en una blusa, cuando una de $70.000 puede satisfacer su necesidad real.

Aparece finalmente así el concepto de compra inteligente, un consumidor consciente al que le rinde el dinero, viste con un estilo propio y termina el día satisfecho.

Por: Redacción GOIA.

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