UNA PRENDA COMERCIAL, PORTABLE O FUNCIONAL

Si hay algo que origine una sonrisa irónica en el diseñador de moda, es cuando aquel que se siente con el derecho de juzgar su trabajo califica este como no comercial o lanza esa insulsa y hasta irritante frase: “yo eso no me lo colocaría”.

Obviamente aquel que lanza su opinión tiene todo el derecho de expresar que se pondría y que no. Más antes de hacer uso de su facultad, debe preguntarse si la prenda se dirige a él como cliente objetivo; de lo contrario el que le guste la misma como para portarla es irrelevante.

En este contexto se utiliza el calificativo comercial para referirse a un artículo que no es lo suficientemente agradable como para adquirirse. Y es ese precisamente el error, pues comercial como adjetivo, simplemente hace referencia a el vínculo del objeto con el comercio. Por lo que el segmento de mercado identificado, será quien determine las propiedades comerciales del producto.

Lo que la frase anterior contiene de manera implícita entonces, es que todo diseño posee una función orientada por el público objetivo al que se dirige, característica que logra diferenciar entre el diseño del arte; entre el diseñador y el artista. De esta manera todo artículo comercial ha de ser un producto funcional.

Característica que no ha de limitarse exclusivamente a el uso que se le dé al artículo, sino también al valor signo que este ofrece. Es así como hablamos de que los objetos poseen un estatus funcional y significante que ofrece prestigio, estatus, rango social, a la vez que refleja el buen gusto y estilo de vida de quien los adquiere, porta, exhibe o acumula.

En ese orden de ideas, la portabilidad de un objeto es solo la característica existente o inexistente de un producto funcional significante.

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Por: Raúl Quinayás

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